Sirats Arce, entrenadora de gimnasia rítmica y delineante proyectista


“La construcción ha sido algo de hombres, y en ella saco mi lado extremo”

Sirats Arce en mayo de 2010. Foto cedida por la misma.

AIDEL DÍAZ

El próximo 18 de diciembre tendrá lugar la exhibición navideña de gimnasia rítmica del club Sakoneta de Leioa, en sus instalaciones del polideportivo municipal de esta localidad del Gran Bilbao. Con motivo del mencionado evento deportivo, organizado por uno de los clubes con más alto nivel del Estado español, hemos querido rescatar desde The Bilbao Time una entrevista realizada el 21 de abril del presente año a una de sus entrenadoras. El lector disfrutará sin duda del verbo de Sirats Arce, una joven bilbaína todoterreno, amante apasionada tanto de la gimnasia rítmica como de la construcción.

La gimnasia rítmica es un deporte extremadamente sacrificado. Su preparación exige horas y horas extenuantes de entrenamiento, de perfeccionamiento de rutinas que se presentarán en un minuto y medio, y en las que, por un mínimo error, las deportistas se juegan todo un año de trabajo. Además, son consideradas mayores para su práctica a los 17 ó 18 años de edad (la excepción que cumple la regla fue una luchadora Almudena Cid, retirada en 2008 cuando contaba con 28 años). A este cóctel sumémosle el mundo de la construcción, el cual sigue estando muy masculinizado, si bien las mujeres van tomando protagonismo. Entre estas dos aguas torrenciales nada Sirats Arce García, una joven bilbaína de 22 años, campeona de gimnasia rítmica por conjuntos de Euskadi durante tres años consecutivos, delineante proyectista y ahora también estudiante de encargado de obras.

Sirats Arce en competición. Fotos cedidas por la misma.

En un primer plano calientan decenas de chicas. Realizan contorsiones imposibles, que sólo son el aperitivo del duro entrenamiento que se gestará durante la tarde en el polideportivo municipal de Leioa. En un segundo plano, y separados por una red de las jóvenes deportistas, varios chicos (probablemente simiprofesionales) se preparan en un partido de pelota vasca. Como banda sonora se escucha una remezcla de El Bolero de Ravel (cinco chicas de no más de catorce años dan por finalizado el calentamiento y se ponen a entrenar una rutina por grupos), acompañada por el repiqueteo de la pelota chocando contra la pared del frontón. Pura poesía. Una niña aparece en el campo gritando el nombre de Sirats Arce. “Es un bicho, pero es mi favorita”, confiesa sonriendo. La niña se acerca y le da un beso. “Te traigo una sorpresa”, anuncia con cara de pícara mientras sujeta una bolsa de golosinas en las manos. “¡Qué ricas! Las comemos después del entrenamiento. Ahora ve a la lona, que mi amigo y yo tenemos algo importante que hacer”.

PREGUNTA: ¿Por qué gimnasia rítmica? ¿Por qué ese deporte?

RESPUESTA: ¿Por qué? Porque era nuevo en mi colegio. Todo el mundo decía que era baile, y yo ya había hecho alguna cosa de baile: danzas vascas, ballet… Era un deporte nuevo en el “cole” que podía escoger y, o era balonmano o gimnasia rítmica… Me gustó.

P: En ese momento sólo se planteó más como una novedad.

R: Sí, todo el mundo decía que era bailar, y a mí siempre me ha gustado bailar. Siempre he estado con música en casa, haciendo mis bailes, y esa era una forma de hacer baile y hacer deporte, todo junto. Siempre viene bien probar cosas nuevas… ¿y por qué no?

P: ¿Fueron duros los comienzos?

R: Al principio, como eres joven, te lo tomas un poco más “a cachondeo”.

P: Pero quizás se trata de ver quién tendrá posibilidades de llegar a ser bueno.

R: Sí, la verdad es que sí. Yo tenía un colegio falto de instalaciones, no un polideportivo. Un colegio como otro cualquiera, con un gimnasio pequeño. Allí probé con unas amigas, y no se me daba mal. Era algo divertido, que me salía bien, que me gustaba. Luego te hacías un poco la “chulita” -hay que reconocerlo, ¿no?- y comentabas: mira lo que hago con la pierna. Claro, las demás niñas no podían, no tenían esa elasticidad innata.

P: ¿Te acuerdas de tu primera competición?

R: Sí. Recuerdo que tenía que hacer un baile con una música de un minuto y medio. En un minuto terminé todo; iba rapidísimo por lo nerviosa que estaba. Pero yo me lo pasé bien, fue como un juego. Pasármelo bien es algo que he intentado hacer siempre.

P: ¿Cuándo te diste cuenta de que querías competir y ser buena en la gimnasia rítmica?

R: Ya te viene dada la competición y no te dan a escoger. Luego, viendo los campeonatos, te dabas cuenta de que podías ser una de esas chicas que se clasificaban, que está a otro nivel. Es cuando empiezas a pensar en: si yo me estirase un poquito más… o si no he hecho mucho y he quedado en tal posición… ¿si hiciera un poco más? Al final, una misma se va “picando”. Creo que empieza a raíz de que te nombren en alguna competición. Podías quedar última, pero ya te ibas contenta a casa. Dices: hostia, yo puedo estar ahí.

P: Podías estar ahí, pero la competitividad es bastante grande. ¿Hay riñas?

R: Puede haber. No te voy a decir que yo las haya tenido, pero sí que puede haber. A nivel escolar no hay muchas puesto que todo queda entre amigas y colegas. A nivel federado hay más pique, como en el campeonato de España. Cuanto más alto es el nivel más envidias hay, pues, por un “pelín” peor que lo hagas, ya lo pierdes todo. Es un esfuerzo de muchas horas de trabajo que sólo se ve en un minuto y medio de baile. ¡Tela marinera!

P: Las riñas puede haberlas dentro de un mismo club…

R: Sí, las hay. Hay clubes que tienen niñas muy buenas y claro, si tienes cinco niñas buenas y sólo hay dos plazas para un campeonato…

P: ¿Y cómo se lleva el tema cuando la competición es por equipos?

R: Bueno, en nuestro club hay unas 150 niñas. Como no puedes hacer 150 bailes individuales, al final escoges a las que crees que tienen más facultades para hacer los individuales, y con las demás vas trabajando por equipos. Siempre es más fácil disimular las carencias en los trabajos por equipos, y que predomine el control de los aparatos sobre la flexibilidad.

P: La gimnasia rítmica, que es un deporte que exige un control del cuerpo increíble, dejará un tiempo bastante limitado… ¿Cómo se compatibiliza esta preparación con la vida académica?

R: Depende un poco de las niñas. Muchas abandonan porque no pueden compatibilizar las cosas. Yo no me quedaba jugando en el colegio y hacía los deberes después del comedor, en el recreo… Además, estoy acostumbrada a dormir pocas horas. Recuerdo que llegaba del entrenamiento, me duchaba, cenaba y me ponía a hacer deberes. Me acostaba a las 12 de la noche, a la una… Hoy es el día en que me gusta estudiar por la noche, me relaja. Te acostumbras para poder entrenar. Como todos los deportistas, haces los deberes rápido, ya que al final, cuanto menos tiempo tienes, más rápido debes hacer las cosas. Hay niños que no hacen ningún deporte extraescolar, y hay que estar más encima de ellos. No puedes perder el tiempo mirando a las musarañas. La clave es organizarse y no perder el tiempo, aprovechar todos los ratos que quedan libres. Cuando estás en clase, antes de que llegue el profesor, supone tener el cuaderno sacado, el libro abierto y el bolígrafo en la mano.

P: ¿Llega a afectar a las relaciones personales, a la pareja?

R: Hay de todo, aunque se puede llevar bien. A mí me gustaba salir con mis amigos, aunque no era de mucha fiesta porque no me gusta una niña de 16 años borracha. He salido, he tenido a mi novio… Se puede llevar bien. La gimnasia, y el deporte en general, ayuda a que las personas sean más sanas. Además, en el deporte también haces amigos. Mis compañeras eran mis hermanas, porque con ellas era con quienes más horas pasaba al día y a las que acababa contando confidencias.

P: ¿Tus amigos de fuera de la gimnasia se interesaban por el tema? ¿Te apoyaban?

R: Sí. Algunos incluso han venido a los campeonatos a verme, aunque es cierto que las competiciones más importantes casi siempre eran lejos de casa, por ejemplo en Asturias, y pocas veces han sido en Bizkaia. En Bilbao normalmente no hay muchas competiciones. Las provinciales suelen ser en Durango, Bermeo y Gernika. Esto implica disponer de coche, de tiempo… Pero como siempre te pones nerviosa, a mis amigos no les pedía que vinieran a verme, ya que entonces intentas demostrar más, y acabas estando aún más nerviosa.

P: ¿Y tus padres?

R: Siempre me han apoyado. Mi aita salía de trabajar y me llevaba a entrenar, mis cinco horas de entrenamiento eran sus cinco horas de espera. Estaba orgulloso. Al final se montaba un corrillo de padres en la misma situación y hacían una especie de cuadrilla. Hoy es el día que va a visitarme mientras doy clases y todo el mundo lo conoce y lo saluda. Ahora anima a las demás niñas.

P: ¿Lo has visto emocionado alguna vez?

R: A mi padre, a mi ama y a mucha más gente. Les gustaba verte mientras actuaba, y también se ponían muy nerviosos. La primera vez que competí, mi padre casi se queda sin nudillos… Cuando tenía algún torneo, yo siempre estaba más arisca en casa, y mis padres intentaban tranquilizarme diciéndome palabras bonitas y dándome ánimos. Hoy día, si nuestro club organiza algún campeonato, mi aita es el primero en ayudarnos a poner las colchonetas. Eso sí, ayudaba, pero bien, nunca ha sido el “padre criticón” que puede llegar hasta decir que el árbitro está comprado. Le podía doler lo que decía la juez, pero como cuando tu hija gana, hay que asumir cuando pierde. Y cuando lo dejé, también se lo tomó bien.

P: ¿Y por qué lo dejaste?

R: Por la edad, los años… Yo ya había competido a nivel estatal, a nivel de Euskadi, de Bizkaia, internacional… Había manejado todos los aparatos. Creo que de ahí no iba a avanzar más. Estaba en un punto, en un buen lugar, y si continuaba sólo iba a ir para abajo. Terminé con dos campeonatos de España con buenos resultados. Estaba muy contenta, y preferí que terminase así. Dejar el deporte por una lesión, o haciendo el ridículo, creo que debe dejar una espinita. El acabar bien te deja satisfecha. También estaban los estudios, que me restringían cada vez más el tiempo.

P: Además, no sólo de la gimnasia, sino que del deporte en general pueden vivir muy pocos… Y tú elegiste el mundo de la construcción.

R: Siempre he sido un poco rebelde, un poco “marimacho”. Practicaba gimnasia rítmica pero en el patio del colegio me gustaba jugar con los chicos. Yo era la que tiraba la primera piedra. Siempre me ha gustado ese toque “macarra”, por decirlo así. La construcción, tradicionalmente, ha sido algo de hombres, y en ella saco mi lado extremo. A las tardes voy con “mis niñas”, donde todo es más suave; pero a las mañanas, estudiando encargado de obras, es duro: el mundo de los chicos. Por otro lado, siempre me ha gustado la decoración, y ésta está estrechamente relacionada con la arquitectura. Al final me decanté por la delineación.

P: Te graduaste como delineante proyectista y ahora te estás especializando como encargada de obras.

R: Sí, va todo ligado. En la oficina, para hacer mejor los planos, para interpretarlos y proyectar, viene muy bien haberlo visto en obra. Hay que saber cómo se piensa en la obra, cómo se actúa, para que luego lo tengan más fácil al interpretar tu proyecto. Hice las prácticas de delineante proyectista en un estudio de arquitectura, y cuando me llevaban a la obra y veía lo que yo estaba delineando, era una sensación impresionante. Ser una misma la que dibuja y la que ejecuta…

P: Proyectas y luego estás físicamente en la obra.

R: Sí, y luego piensas en el día de mañana, cuando pases por delante de una de tus obras y digas: cariño, eso lo he hecho yo. Contárselo a mis hijos, como ha hecho mi padre conmigo, que es del gremio de los pintores… es muy bonito.

P: Es bonito, pero también estás en un mundo muy competitivo y estrechamente ligado a los hombres.

R: Es muy masculino, hay que tener mucha fuerza. Pero el toque de la chica en la construcción va a venir bien. Somos más detallistas, nos gusta más la limpieza, y aunque nos cueste, siempre intentamos hacer las cosas bien. Yo creo que las chicas tenemos ese toque de madre, que siempre viene bien para hacer un buen trabajo.

P: Las chicas ya están empezando a jugar un papel importante en la construcción. Pero háblame de los chicos a los que entrenas en gimnasia rítmica, que también los hay…

R: Pues tenemos dos chicos. Ha habido años que he tenido más, pero siempre suele haber dos de media. Tengo un niño de cinco años que es una bomba. Cuando tenía tres años, su madre nos lo trajo porque hacía cosas impresionantes, cosas que ni nosotras podíamos hacer.

P: ¿Suelen competir los chicos?

R: A nivel escolar, en Euskadi, se hace la vista gorda y pueden competir junto con las chicas, como si fueran “una más”. Pero a nivel federado, en competiciones nacionales, al ser muy pocos todavía, no se suelen hacer categorías. Eso sí, siempre están presentes en torneos importantes haciendo exhibiciones. Que se vea que están ahí.

P: ¿Has escuchado alguna vez algún comentario desagradable sobre los chicos?

R: Siempre te llega algún comentario. Incluso de las propias niñas compañeras de club. “Si parecen una chica…”. Pero siempre los defiendes, y pides respeto para normalizar la situación.

P: Si te tuvieras que quedar con la construcción o con la gimnasia, ¿cuál elegirías?

R: No podría elegir. Para mí lo ideal sería construir polideportivos para que “mis niñas” practicasen gimnasia rítmica.

Sirats Arce García: Bilbao, 10 de febrero de 1987. Comenzó a practicar gimnasia rítmica a los siete años. Trayectoria y palmarés profesional: tres campeonatos escolares (dos de ellos finalista de Bizkaia), ocho campeonatos federados (individual, por conjuntos y por equipos), ocho campeonatos de Bizkaia (siempre entre los tres primeros puestos), ocho campeonatos de Euskadi, cinco campeonatos nacionales absolutos, treinta torneos nacionales, dos torneos internacionales.

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Entrevista realizada personalmente durante dos días, el 21-04-10 a las 11:00 y el  27-04-10 a las 16:30, en una cafetería del barrio de Ollargan (Arrigorriaga) y en el polideportivo municipal Sakoneta de Leioa respectivamente.

Puedes escuchar las declaraciones ampliadas de Sirats Arce sobre los chicos en la gimnasia rítmica en Onda-Z.

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Acerca de aidelgabin

Soy joven, sencillo, cabezón y despierto. Lucho por todo aquello en lo que creo, pero comienzo a respetar las cosas en las que no creo.
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