Pesadilla después de Navidad


SERGIO CARO (Funcionario de la DFB)

¿Qué tal les va? Feliz Año Nuevo ante todo. Siento no haber dado señales de vida antes pero el periodo navideño ha sido horroroso y, la verdad, me ha costado un triunfo recuperarme del “empalague” de felicitaciones y buenos propósitos además de, cómo no, del empacho de comida propio de estas fechas. No soy yo muy proclive a festejos navideños, así que ya se imaginarán que este trance me supone poco menos que un suplicio año tras año.

Así que, una vez pasado dicho período infame, estaba yo contento y feliz de reencontrarme con mi coqueto espacio de trabajo, mi escritorio maravilloso lleno de expedientes y papeleo listo para hincarle el diente, esa silla de oficina que tan buenos momentos me ha dado y, claro está, con mis compañeros de trabajo también (bueno, más con unos que con otros… pero esa es otra historia). Total, que todo parecía idílico y perfecto. Hasta que se acabó. Y el horror regresó con toda su crudeza… ¡Obras en la cafetería! Sí, queridos lectores. Como lo oyen. Obras. Y en la cafetería. Vamos, en el santuario de cualquier funcionario de pro. De repente a tomar por saco el descanso, el cafecito de media mañana, los últimos chascarrillos indispensables para “estar en la onda”… En definitiva, todo lo básico para sobrevivir dignamente en la jungla funcionarial.

Así me quedé yo cuando vi las obras. Imagen de la película "El Exorcista", de 1973.

Nuestro lugar de culto hecho unos zorros. Y todo por un “ponme allí una tomita de agua”. Y, por supuesto, las obras a su ritmo. No vaya a ser que por ir ligeritos vayamos a empalmar la tubería que no es y se lía parda. Pero claro, como los únicos que no damos un palo al agua (nunca mejor dicho en este caso) somos los funcionarios, pues… ajo y agua. Ni qué decir tiene que, con las consabidas obras, llegó el inevitable corte de suministro. Imagínense el baño (o sea, el segundo lugar más frecuentado por un funcionario después de la mencionada cafetería) sin el líquido elemento. Vamos, que ya ni las necesidades fisiológicas básicas le dejan hacer a uno a gusto. Y porque no me quiero poner escatológico, pero ¡lo que les podría yo contar de la que se fue liando esta semana en el excusado!

En fin, menuda vuelta al trabajo. Deberían haber visto con sus propios ojos cómo se cachondeaba la señora de la limpieza cuando se enteró. Yo creo que me tiene entre ceja y ceja, como mi vecina y el del quiosco de la esquina, ¿se acuerdan? Si es que hay cosas que ni con el nuevo año cambian. Necesito relajarme un rato, que para eso ya ha terminado la jornada laboral.

Por cierto, ¿son ustedes de esos que andan histéricos perdidos porque Coldplay ofrecerá un concierto en el BBK Live de Bilbao en julio? A mí la verdad es que no me entusiasman demasiado pero como hoy tengo el cuerpo caribeño y el espíritu embriagado por el mojito, el daiquiri y la piña colada, quiero regalarles una de esas perlas que uno encuentra por la red de vez en cuando. Una versión del tema “Clocks” de la banda británica grabada junto al “Buena Vista Social Club” cubano. Un auténtico regalo para los sentidos. Relájense, déjense llevar y disfruten. Ya me contarán. ¡Que viva Cuba, aunque vaya a despedir a medio millón de funcionarios a lo largo de este año!

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