Reflexiones sobre Cuba


Opinión 

Discurso de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución (La Habana) en 1959 junto a los otros dos líderes de la Revolución, Ernesto 'Che' Guevara y Camilo Cienfuegos. Imagen de Raúl Corrales.


TANIA LEZKANO

La Revolución aún no ha terminado. En Cuba hay muchas cosas que mejorar, pero siempre sobre la base de ese socialismo que da a su pueblo techo, educación, sanidad y una cantidad básica de alimentos de forma totalmente gratuita, como es el caso de la educación y la sanidad; o por una cantidad de dinero muy baja, como es la vivienda y la cartilla de alimentos básicos a la que toda la población tiene acceso, independientemente de que luego, con su sueldo, decidan comprar más porque es insuficiente. Así pues, la población cubana, a mi juicio, tiene escasez cuantitativa, en cuanto que lo que se le proporciona resulta muchas veces insuficiente. Pero en ningún caso puede hablarse de que la gente se muera de hambre o le falte una ropa que ponerse o una casa donde vivir. En Cuba no hay mendicidad, no existe, así como tampoco hay apenas delincuencia, ya que nadie siente la necesidad de robar, pues, ¿por qué se roba? Generalmente para comer o pagarse un sitio donde dormir. También pasa que que alguien robe por mero placer, pero esto es común en países donde reina el individualismo -lo mío es mío y lo de los demás también- y donde, a la vista está, la igualdad de oportunidades está muy desgastada y donde los sectores más bajos de la sociedad no tienen muchas veces acceso a la educación y/o se les discrimina en cualquier otro ámbito.

¿Es el capitalismo un sistema individualista? Es obvia la respuesta, partiendo del consumismo radical que se nos ha inculcado desde pequeños. Pero, ¿qué sucede cuando un sistema da a todos los niños y jóvenes las mismas oportunidades, vengan de donde vengan y de forma totalmente gratuita, incluida la universidad? Nos resulta difícil imaginarlo porque no podemos empatizar fácilmente con una mentalidad tan distinta a la nuestra. Pero, si se intenta, se puede comprender que en Cuba, por ejemplo, el índice de delitos y delincuencia sea tan bajo, ya que la gente, para empezar, no necesita robar, pues lo básico para vivir lo tiene cubierto y, en segundo lugar, no tiene a quién robar, pues el vecino tiene las mismas oportunidades que él y no tiene ni más ni menos cosas, algo que de ningún modo pasa en un país capitalista.

No hay clases sociales en Cuba, y ese es, entre otras cosas mucho más importantes, uno de sus encantos. Todo el mundo es igual: no hay ricos pero nadie roza el umbral de la pobreza. Esta igualdad es algo que, por supuesto, tampoco se da en el capitalismo, y es lógico, pues por todos es sabido que este sistema ‘funciona correctamente’ gracias a las desigualdades sociales y se nutre de ellas.
A todo esto hay que añadir, en el caso de Cuba, la pureza de un pueblo libre del feroz espíritu consumista que a nosotros, desgraciadamente, sí nos contamina.

En definitiva, Cuba es un país maravilloso que logró la eliminación de clases tras el triunfo de la Revolución de 1959, cuyo pueblo ansía cambios, pues es cierto que nada es perfecto y todos los gobiernos tienen defectos, pero ese pueblo tampoco sabe qué tipo de cambios quiere, ya que ellos no pagan ningún tipo de impuesto al estado. Pero sí, se necesitan cambios, y no son negativos los que paulatinamente está llevando a cabo Raúl Castro, hermano de Fidel y actual presidente del país, como el permiso de apertura de pequeños comercios particulares, medida que entró en vigor el pasado mes de enero y por la cual quien decida abrir su propio negocio sí debe pagar, como es lógico, un impuesto al estado.

Hay quien se pregunta el porqué de la rigidez del gobierno cubano después de 50 años. La razón es sencilla: también después de 50 años el gobierno estadounidense continúa al acecho, esperando un pequeño resquicio que le permita hacerse con la isla, ya sea militar o comercialmente, globalizando Cuba: poniendo en cada esquina de la colonial Habana un McDonald’s o algo por el estilo. Además, no hay que olvidar que una de las principales razones por las que Cuba tiene deficiencias en determinados ámbitos, como el transporte -los escasos autobuses que tienen entre ciudades proceden de China- o algunos alimentos, se debe a que, sí, después de 50 años Estados Unidos mantiene el bloqueo y embargo comercial de la isla, incluyendo, recientemente, la retención de 4,2 millones de dólares correspondientes a ayudas gestionadas por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), destinados a Cuba para proyectos contra el sida y la tuberculosis.

Tras su fracaso en la batalla de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, en 1961; las continuas infiltraciones de agentes de la CIA; y la constante financiación a los grupos contrarrevolucionarios y conservadores de Miami, EE.UU. no puede arrancarse la espinita que le supone un país que le hace frente, que posee una posición estratégica muy valiosa para después saltar al resto de América Latina -que últimamente con personajes como Hugo Chávez y Evo Morales parece que se les va de las manos el control de la zona-, y cuyo pueblo, a pesar de querer cambios, rechaza tajantemente la presencia de EE.UU. allí, después de ver lo sucedido en Irak, Afganistán, países latinoamericanos y otros tantos.

En conclusión, Cuba es el punto negro que EE.UU. desea desde hace 50 años. Y si estos no han cesado en su insistencia, ¿por qué la isla va a abandonar la defensa de su propia soberanía? Cuba necesita cambios, sí, estamos todos de acuerdo, pero que nada pueda destruir todo lo que se consiguió en la Revolución de 1959 y que las muertes de tantos guerrilleros no sean en vano, como la del comandante Ernesto ‘Che’ Guevara y la misteriosa desaparición del también comandante Camilo Cienfuegos.

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Acerca de Tania Lezcano

Elegí periodismo porque soy incapaz de hacer oídos sordos ante las injusticias de mi alrededor, y por ello intento luchar por un mundo más justo. Especializada en Política Internacional y la región de Oriente Medio.
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