El adiós vital


Reportaje

75.000 españoles han suscrito sus voluntades anticipadas, documento que garantiza el cumplimiento de los deseos del enfermo al final de la vida

El acompañamiento al enfermo. Imagen extraída de: Noticias de Bizkaia | Deia.com

AIDEL DÍAZ

“Quiero vivir el tiempo que me quede, mejor dicho, el que yo decida, con la mayor calidad de vida posible, dentro de un orden, para poder hacer las cosas que quiero. Entre ellas terminar algunos temas pendientes, pero también disfrutar de la vida”. Ramón Fernández Durán, militante de Ecologistas en Acción y profesor colaborador de la Universidad Carlos III de Madrid, escribió estas palabras el pasado día 8 en el diario electrónico ‘Rebelión‘. La recaída en un cáncer de garganta lo ha llevado a decidir cómo será su final.

Como él, otros 75.000 españoles han firmado un documento de voluntades anticipadas, también llamado, informalmente, testamento vital. El dato muestra que se trata de una opción poco conocida por los ciudadanos pese a estar regulada en todas las autonomías. En Euskadi existe, desde noviembre de 2003, un registro dependiente del Departamento de Sanidad que permite incluir “instrucciones sobre tratamientos y designar representantes que actúen como interlocutores con el personal médico y el equipo asistencial”, según la web del Gobierno vasco.

La diferencia respecto al testamento común reside, a parte de en la función hereditaria, en que éste despliega su eficacia una vez fallecida la persona, mientras que el testamento vital produce efectos a partir de el momento en que el paciente es incapaz de tomar decisiones por sí mismo debido a lo avanzado de la enfermedad.

Otros aspectos que se incluyen son el lugar donde morir -en el hogar o en el hospital-, si se quiere asistencia religiosa, el destino que se dará a los órganos ante una posible donación, recibir sepultura o ser incinerado, etcétera. Por ello, es un documento que no sólo concierne al enfermo, pues también tiene la finalidad de aligerar a los seres queridos la toma de decisiones en momentos difíciles.

Hay tres requisitos imprescindibles: ser mayor de edad, actuar libremente y no haber sido incapacitado judicialmente. Además, al plasmar las voluntades en un modelo oficial, éstas se firmarán ante funcionario público. En cambio, si tienen carácter privado, podrán suscribirse ante notario o ante tres testigos, “dos de los cuales no pueden ser familiares en segundo grado ni estar vinculados por relación patrimonial -de manera económica- con el otorgante”, según la Asociación por el Derecho a una Muerte Digna (ADMD), con sede social en Madrid.

El Estado dará un paso más en la regulación de esta materia con la futura Ley de Cuidados Paliativos y Muerte digna, que, además de mejorar las condiciones en la asistencia a los pacientes terminales, abordará el acompañamiento a las familias en el duelo. Morir dignamente no es “pelearse contra el destino, ni resignarse sin más ‘a lo que tenga que ser’, sino trascender, vivir conscientes el tiempo de vida que queda”, como dice Fernando Marín, médico de la ADMD.

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Acerca de aidelgabin

Soy joven, sencillo, cabezón y despierto. Lucho por todo aquello en lo que creo, pero comienzo a respetar las cosas en las que no creo.
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