Ellos… ¿dicen representar a Dios?


Opinión


TANIA LEZKANO

Estos días estamos siendo testigos de unas jornadas que llaman de la Juventud. Aunque no se han tomado la molestia de preguntar a todos y cada uno de los jóvenes de este país y del resto del mundo si se sienten parte de eso que llaman catolicismo, no es este el tema que deseo abordar con este artículo. La línea que pretendo seguir es la de Eneko Sanz, cuyo texto me parece que resume todo lo que yo también pienso, aunque pretendo hablar de otras cuestiones.

Para empezar, he de decir que personalmente no profeso fe ninguna y pienso que, mientras no se demuestre lo contrario, Dios (o Alá o Buda) no existe. Es mi visión personal. Sin embargo, respeto todas las creencias, pues creo que cada persona es un mundo y tiene todo el derecho de creer o no en lo que quiera. En eso se basa la libertad: en pensar lo que quieras sin imposiciones. Pues eso: sin imposiciones. Yo no pretendo imponer a nadie lo que debe pensar, pero, igualmente, no tolero que a mí me lo hagan. Y es precisamente la Iglesia Católica la institución más sangrienta de la historia, que ha torturado y asesinado durante siglos a quienes discrepaban de sus dogmas. Es más: ha sido cómplice de los más crueles regímenes dictatoriales de la historia.

Así, creo que mi postura queda clara: respeto a los católicos, pero no a la Iglesia. Más tarde explicaré más motivos, pero entre ellos está la burla hacia quienes sí la respetan y la siguen con más o menos fervor. Me parece una burla cruel predicar amor, humildad y caridad mientras ellos viven en un país para ellos solos (el país más rico, por cierto), rodeados de riquezas y sin aportar un mísero minuto de su tiempo -ni dinero- hacia los más necesitados. Aparte quedan los misioneros, a quienes, como personas -no como religiosos- admiro. Hacen labor de ONG y eso siempre es admirable. Pero me refiero a que con todas las riquezas que habitan en el Vaticano se podría terminar con el hambre en el mundo. Muchos dirán que esa es también labor de los demás estados. Y sí, no diré lo contrario. Pero el Vaticano carga con mucha más culpa por el hecho de predicar la caridad. Es una cuestión de hipocresía, nada más. Además, en lo referente al amor del que hablan, ellos son quienes más predican odio, al dividir y negar derechos a diferentes colectivos de personas solo porque ellos “no lo consideran moral”. Pues bien, lo moral es muy subjetivo.

Por otra parte, puedo entender -aunque no comparto- que la Iglesia, como institución, puede dar su opinión acerca de la sociedad y las leyes, pero en ningún caso debe interceder en favor ni en contra de nadie. No debe tener esa potestad. Porque, para empezar, es una institución privada y no representa a la totalidad de la sociedad, por mucho que les pese.

Y casi finalizando, quería simplemente lanzar una serie de preguntas al aire. Ha venido ese santo padre del que hablan. Ese mismo que militó en las Juventudes Nazis y ese mismo que condena a quienes son diferentes. El caso es que ha rezado por la hambruna de Somalia -y lo ha hecho porque la barbarie ha coincidido cronológicamente con estas jornadas-. Solo ha rezado, pudiendo haber destinado el dinero de la visita a Madrid al cuerno de África. Pero ha rezado. No basta con rezar, señor. Pero bueno, puestos a rezar, ¿por qué no ha rezado el Papa por Palestina, por Libia, por Afganistán, por Irak, por todos los oprimidos del mundo? Claro, será porque la Iglesia ha sido la mayor opresora de todos los tiempos. Es más, estoy convencida de que aún lo sería si la dejáramos.
Y sin dejarla, ya se toma la libertad de juzgar a las personas sin conocerlas. Peor: a colectivos enteros o acciones determinadas, que pueden estar causadas por mil circunstancias distintas. Sin embargo, siguen sin condenar firmemente la pederastia, de la que muchos de ellos han sido acusados -y no quiero pensar en los que nunca habrán sido descubiertos-. ¿Y se atreven a hablar ellos de moralidad? Ellos, que han masacrado pueblos enteros en nombre de Cristo. Ellos, que violan niños (y niñas) -o lo ocultan- sin ningún tipo de pudor ni remordimiento. Ellos, que lucen vestimentas millonarias y se rodean de todo el lujo posible. Ellos… ¿dicen representar a Dios?

Yo pienso -más bien quiero pensar- que, si Dios existe, ya ha debido de condenar al infierno a toda la Iglesia y a todas las personas que mandan en ella, pues, para empezar, hacen lo radicalmente opuesto a lo que Jesús predicó. Es más, se han aprovechado de lo que él dijo para enriquecerse durante siglos. Se están riendo de todos sus fieles, de Jesús y también de Dios.

Una vez escuché en una canción unos versos que me costará mucho olvidar, y que todos aquellos intolerantes que se encuentren dentro del círculo de la Iglesia deberían tener en cuenta:

¿Es que no lo entienden?
Quiero que me respeten,
no como un igual,
sino por ser diferente.

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Acerca de Tania Lezcano

Elegí periodismo porque soy incapaz de hacer oídos sordos ante las injusticias de mi alrededor, y por ello intento luchar por un mundo más justo. Especializada en Política Internacional y la región de Oriente Medio.
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